
Ha muerto el hooligan de la moda inglesa dejando tras de sí millones de miradas asombradas y un número considerable de momentos irrepetibles.


Alexander McQueen ha privado hoy al mundo de sus ojos azules que miraban la materia contemplando la esencia, de sus manos que dibujaban ideas en las mentes y sueños en las almas. Al dejar las tijeras para asir esa cuerda maldita nos ha privado de todas las prendas que en el futuro podía haber brindado al mundo de la moda, de todos los desfiles suyos a los que los amantes de este mundo podrían haber asistido, de todas las imágenes que habrían ocupado carpetas en la memoria del ordenador de muchos de nosotros y de todas las palabras que podríamos haber pronunciado para comentar sus colecciones.
Sin McQueen hoy el mundo es un poquito menos auténtico.

(R.I.P., Alexander)

















































